jueves, 29 de mayo de 2008

La pobreza del INEI

Para reducir la pobreza en el Perú el mejor instrumento es Renán Quispe. Y es que sólo un personaje que fue capaz de hacer un censo echando al tacho el anterior de dos años antes, para servir al interés de Alan García de confundir las cifras del gobierno anterior y hacer inciertos lo puntos de partida, podía presentarse ante el mundo para anunciarnos la noticia del siglo: la reducción de la pobreza en cinco puntos de un año a otro. Y lo mejor de todo, sin que nadie se hubiese dado cuenta.
O sea la pobreza ya no es lo que era antes, ese estado de carencias básicas, desprotección y magros ingresos, que obligan a una vida en el filo, con bajísimos indicadores de nutrición, salud, educación, habitabilidad y otros. Por Quispe nos enteramos que para saber quién dejó de ser pobre basta observar la línea de gasto mensual, y aquellos que en los últimos doce meses lograron sobrepasar los 229.4 soles, abandonaron el mundo de los pobres y los que lo hicieron con los 121.2 soles dejaron la pobreza extrema.
¿Es esto serio? No vamos siquiera a discutir aquí lo que se puede consumir en un mes con estas cantidades y la crucial diferencia que podría representar que una persona llegue a 250 o 300 soles al mes (más o menos entre 100 o 120 dólares). Tampoco a lo que este monto puede significar en diversas regiones del país, sea Lima, capitales costeras, ciudades de la sierra y selva, población del campo. Pero si sólo se advierte que estos exiguos montos tienen como denominación “canasta mínima alimentaria”, se verá claramente de qué clase de farsa es que estamos hablando.
Si con poco más de 200 soles quiere decir que uno puede comer y sobrevivir, y por eso dejar de ser pobre, la pregunta inmediata es: ¿con esa cantidad de moneda peruana se compra la misma cantidad de alimentos que lo que se hacía en la misma fecha el año pasado? Sin duda que no. Los debates sobre la nueva inflación de García han ido precisamente por ahí, que para un pobre los aumentos en el pollo, la leche, el aceite, el arroz y otros, son mucho más duros que para el resto de la población, que gasta en alimentación una fracción bastante menor de su ingreso.
Algunos han calculado una inflación de 10% para los segmentos C y D de la sociedad, más acentuado en provincias que en Lima. ¿Y cómo ha sido tomado eso en cuenta por los pobretólogos (García, dixit) del INEI, del gobierno y los medios, que celebran a tambor batiente? Se han olvidado del detalle y han supuesto que una persona mejoró 50 soles de un año a otros come mucho más que lo hacía hace un año, aunque enfrente las alzas, siga en el arenal y carezca de muchos servicios.
Algo que puedo decir de manera personal es que mi experiencia de finales de los 80 y comienzos de los 90, me permitió ver lo que era el cambio masivo de una parte de la población de no pobre a pobre. Más tarde pude comprobarlo en un viaje a la Argentina de comienzos de está década. El empobrecimiento se ve. Así como también lo debe hacer el retroceso de la pobreza. Pero en el Perú nadie aprecia cambios impactantes en los barrios populares, en los distritos pobres o en los villorrios que tanto desprecia nuestro presidente. Tampoco desplazamiento de familias de un lado a otro de la ciudad. A los mendigos los escondemos para que no se vean en las Cumbres y el gobierno se arrodilla ante Estados Unidos por medio millón de dólares de “ayuda humanitaria” para Ayacucho.
Claro que la mejor es la de Del Castillo, que dice que esto demuestra que la política proinversión funciona. O sea que en nombre de los que han dejado de ser pobres van a insistir en la política que más del 70% de los peruanos, pobres y no pobres, desaprueban.

Eran sólo serranos

Ayer comenzó, en la Córdoba argentina, el juicio al general de ejército Luciano Benjamín Menéndez.

Menéndez es un vastísimo asesino pero en este caso está acusado del secuestro, torturas y asesinato de cuatro militantes de la izquierda: Humberto Brandalisis, Ilda Palacios, Carlos Lajas y Raúl Cardozo.

Menéndez fue comandante del Tercer Cuerpo del Ejército, cuya jurisdicción abarcaba diez provincias. Gustaba de presenciar los tormentos, de interrogar de cuerpo presente y de asistir comprobatoriamente a los fusilamientos. Su cuota personal para el botín de 30,000 asesinados por la dictadura de Videla –la misma que fue aplaudida por la Caverna argentina, no lo olvidemos– es una de las más altas. Tenía el alias de “Cachorro” y en 1998 creó, sin éxito, un partido de estirpe franquista llamado Nuevo Orden Republicano.

Mientras Menéndez asistía a la primera audiencia de su juicio, en Chile, al mismo tiempo, comenzaba el procesamiento de más de cien ­agentes y colaboradores de la DINA, la policía secreta de Pinochet.

Es el mayor juicio en torno a los derechos humanos en la historia judicial de Chile y está relacionado con la llamada “Operación Colombo”.

Esta operación trató de hacer aparecer el asesinato de 119 militantes de izquierda chilenos, perpetrado por la DINA, como ajustes de cuenta “entre guerrilleros marxistas” ocurridos en Buenos Aires. Se dijo entonces, a medida que los cadáveres ­iban apareciendo en territorio argentino, que “las facciones del MIR chileno” habían llegado a una etapa “de confrontación violenta” y que el resultado de eso eran “las salvajes matanzas de autoría misteriosa” que la prensa no podía descifrar.

¿Y qué prensa se prestó para esa inmundicia, que fue la primera gran batalla de la ­Operación Cóndor? Las agencias noticiosas norteamericanas, “El Mercurio” y sus epígonos, la nueva “Ercilla”. Destacaron en el papel de altoparlantes de los asesinos la revista argentina “Lea” y el diario “O Dia”, de Brasil.

Y mientras en Argentina y en Brasil los verdugos de ayer eran los justiciables de hoy, ­aquí, en el Perú, los peruanos apenas nos enterábamos del hallazgo de más cadáveres en la reabierta fosa común de Putis, en Ayacucho. Más que una fosa común, lo de Putis parece una pequeña ciudadela subterránea plagada de esqueletos descuajeringados y todo indica que si se sigue cavando podrá hallarse más de un centenar de antiguos cadáveres, saldo de sucesivas ejecuciones extrajudiciales perpetradas a lo largo del año de 1984.

Los testimonios recogidos por la Comisión de la Verdad, gracias a los cuales las investigaciones forenses están dando en el blanco para dolor de la patota fujimorista, señalan que las patrullas militares hicieron cavar sus propias tumbas a algunas de las víctimas, entre las cuales hay también mujeres y niños.

Pero en el Perú no hay ningún juicio por lo de Putis. Ni ningún proceso abierto por lo de Los Cabitos, el centro de operaciones del Ejército en ­Ayacucho, el lugar donde “el estado mayor” planeaba, según pregonaba, una nueva batalla por la independencia, y donde hasta ahora han aparecido 82 restos humanos de gente que fue raptada, torturada y asesinada por orden de los Noel Moral de esa época. Y ninguna prensa importante reclama por la tardojusticia que de algo serviría para aliviar el dolor y restablecer el Estado de Derecho.

La junta militar de Videla mató y/o desapareció a 30,000 militantes de izquierda. La Caverna chilena mató y/o desapareció a 3,000 allendistas y posallendistas de diversas matrículas marxistas. Los desmanes de la guerra sucia decidida por nuestras fuerzas armadas eliminaron –no en combate sino en masacres colectivas de civiles desarmados– a 35,000 peruanos.

Pero en Argentina y en Chile hay juicios. Aquí, no. En Chile y Argentina hay jueces impertérritos que no olvidan. Aquí, no. En Argentina y Chile hay prensa que se preocupa por la impunidad de los salvajes con uniforme. Aquí, no.

La diferencia parece ser esta: en Chile y Argentina habrían matado prójimos; ­aquí mataron indígenas. En esos países tan próximos y tan distantes hubo –dicen– algo así como una guerra civil. Aquí, en el viejo virreinato central de los borbones, hubo “limpieza étnica”. Allá eran blancos o mestizos que habían optado por el camino equivocado. Aquí los muertos fueron cholos pasmados por la derrota de hace 500 y pico de años, quechuahablantes ininteligibles, chacchadores de baba verde, mujeres intraducibles, adolescentes que podían ser tentados por el enemigo, niños que querrían más tarde vengarse, comuneros indocumentados por los que nadie reclamaría, viejos que ya estaban muertos de frío, viejas que sólo sabían lloriquear.

–Sí, sí, mi capitán: eran como llamas.

Y después nos preguntamos por qué a veces nos crecen tumores como el de Sendero.

lunes, 26 de mayo de 2008

La guerrilla colombiana entra en una nueva era

Confirmada la muerte por causas naturales del máximo líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Manuel Marulanda, que se une a las de otros dos miembros de su dirección, Raúl Reyes e Iván Ríos, es momento de que las partes inicien una nueva senda que deje atrás la violencia y la sangre en Colombia.
Si bien es verdad que la guerrilla, como le dijera a su secretaría general el pasado 12 de abril Hugo Chávez, debe ver lo que está sucediendo en América Latina donde la izquierda está avanzando a fuerza de votos y no de armas, el Gobierno colombiano debe comprender que la muerte física de una dirección político-militar no terminará con un movimiento armado si persisten las causas de pobreza y persecución contra la izquierda pacífica.
Sin embargo, mientras que el comunicado de las FARC ha señalado que “nuestras propuestas alrededor de los acuerdos humanitarios y la salida política continúan vigentes”, la reacción del ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, ha sido que “los bombardeos van a continuar contra todos los miembros del secretariado de las FARC y contra la guerrilla en general. Nuestra política de Seguridad Democrática se sigue fortaleciendo y seguirá con igual o más intensidad”.

Solución al conflicto
Al mismo tiempo, el presidente Uribe, a través de la fiscalía, ha iniciado una razia contra líderes políticos y sociales de la izquierda del país, periodistas de contrastada independencia y mediadores de un posible acuerdo humanitario con la guerrilla, entre ellos la senadora Piedad Córdoba cuya intervención permitió liberar a algunos retenidos en poder de las FARC hace pocas fechas.
La solución al laberinto político colombiano no podrá ser militar por muchos éxitos que en ese campo quiera presentar el Gobierno conservador de Álvaro Uribe. El recambio generacional que están afrontando las FARC es un momento histórico para comprender que, independiente de la consideración ética que se tenga de sus acciones armadas, persisten las razones por las que hace más de 40 años un grupo de campesinos comunistas y liberales decidieran echarse a la selva para combatir con las armas la injusticia terrateniente.
La triste realidad es que si Manuel Marulanda no se hubiera hecho guerrillero, como líder campesino desarmado no hubiera llegado vivo a los 78 años. Muchos de los de su generación hace años que fueron asesinados.
La pobreza, la injusticia y la criminalización de la izquierda colombiana sigue siendo el mejor caldo de cultivo para que las filas de la guerrilla sigan nutriéndose. Las FARC no han dejado de hacer llamamientos al diálogo y a la sustitución de los cultivos de coca, pero son muchos los intereses geoestratégicos que existen para mantener a Colombia como avanzada militar en una región demasiado escorada a la izquierda para el gusto de Washington.
Por eso, mientras el único discurso político del Ejecutivo colombiano sea el de calificar de “narcoterroristas” a las FARC; mientras su única política sea la de bombardear la selva y mientras los sindicalistas y líderes campesinos sigan haciéndose guerrilleros para llegar a viejos, no habrá paz en Colombia.

jueves, 22 de mayo de 2008

LOS NUEVE MONSTRUOS

I, desgraciadamente,
el dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
y la condición del martirio, carnívora voraz,
es el dolor dos veces
y la función de la yerba purísima, el dolor
dos veces
y el bien de sér, dolernos doblemente.

Jamás, hombres humanos,
hubo tánto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
en el vaso, en la carnicería, en la arimética!
Jamás tánto cariño doloroso,
jamás tan cerca arremetió lo lejos,
jamás el fuego nunca
jugó mejor su rol de frío muerto!
Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
más mortal
y la migraña extrajo tánta frente de la frente!
Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
el corazón, en su cajón, dolor,
la lagartija, en su cajón, dolor.

Crece la desdicha, hermanos hombres,
más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece
con la res de Rousseau, con nuestras barbas;
crece el mal por razones que ignoramos
y es una inundación con propios líquidos,
con propio barro y propia nube sólida!
Invierte el sufrimiento posiciones, da función
en que el humor acuoso es vertical
al pavimento,
el ojo es visto y esta oreja oída
,y esta oreja da nueve campanadas a la hora
del rayo, y nueve carcajadas
a la hora del trigo, y nueve sones hembras
a la hora del llanto, y nueve cánticos
a la hora del hambre y nueve truenos
y nueve látigos, menos un grito.

El dolor nos agarra, hermanos hombres,
por detrás de perfíl,
y nos aloca en los cinemas,
nos clava en los gramófonos,
nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente
a nuestros boletos, a nuestras cartas;
y es muy grave sufrir, puede uno orar…
Pues de resultas
del dolor, hay algunos
que nacen, otros crecen, otros mueren,
y otros que nacen y no mueren, otros
que sin haber nacido, mueren, y otros
que no nacen ni mueren (son los más)
Y también de resultas
del sufrimiento, estoy triste
hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,
de ver al pan, crucificado, al nabo,
ensangrentado,
llorando, a la cebolla,
al cereal, en general, harina,
a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
al vino, un ecce-homo,
tan pálida a la nieve, al sol tan ardio!
¡Cómo, hermanos humanos,
no deciros que ya no puedo y
ya no puedo con tánto cajón,
tánto minuto, tánta
lagartija y tánta
inversión, tanto lejos y tánta sed de sed!
Señor Ministro de Salud; ¿qué hacer?
!Ah! desgraciadamente, hombres humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.

domingo, 18 de mayo de 2008

La Cumbre de la Túpac Amaru y la Cumbre de Javier Prado


Un breve balance de las Cumbres que se miraron desde lejos. Y el gobierno que si hubiera podido habría vaciado la ciudad de sus habitantes para lograr la "paz de los negocios".


El único municipio con que cuenta el actual partido de gobierno en la ciudad de Lima colocó carteles de bienvenida que cruzaban sus calles que decían: Una sola cumbre, un solo Perú; de donde se concluía que dos o más cumbres dividían a los peruanos, tal vez peor que Bolivia. O si se quiere, también, que todos debíamos subordinarnos a la cita oficial, a pesar de la confusión de propósitos que han mostrado sus organizadores y participantes, y de que había sido diseñada anulando todo mecanismo de participación social, como que está rodeada de rejas y policías, y oculta el contenido de sus debates.


Pero ocurría, además, que el distrito de Breña está en la ruta casi obligada para llegar a la Universidad Nacional de Ingeniería, en esta época de vías cerradas y obras inconclusas, y era muchísimo más probable que el referido mensaje fuese leído por los que iban a la "otra cumbre" (Cumbre de los Pueblos o Cumbre Social) en la avenida Túpac Amaru en San Martín de Porres, que los que se dirigían a la de la avenida Javier Prado en San Borja, precedidos por motos y sirenas.


El detalle no es banal. El alcalde interpretó en unas pocas palabras la idea que García, del Castillo y otros estuvieron difundiendo desde varios meses atrás. Y no porque fueran muy entusiastas del encuentro entre latinoamericanos y europeos, porque es evidente que sus ojos estaban detrás de los "grandes" de la APEC, sino porque efectivamente no creen que exista más que una sola manera de ser parte de este mundo que es colocarse a la zaga de los gobiernos y las empresas de las principales potencias del mundo (por eso cuando la gente vota por los llamados "populistas", es por "ignorancia" y no porque hayan planteamientos diferentes).


Visto bien, al otro lado de la ciudad, en el recinto del Museo de la Nación, habían también dos cumbres: una presidencial y otra empresarial, pero para la prensa en general y también para el alcalde aprista, no había necesidad de diferenciarlas, porque en el fondo se trataba de la misma cosa. Al final la Cumbre de los presidentes y jefes de Estado se realiza para arreglar asuntos de empresarios, bajo el supuesto neoliberal de que eso va en interés de todos. Y los tipos del billete vienen aquí, pagan su entrada y hacen los lobbys respectivos con los gobiernos que les interesan.


Dos miradas


La Cumbre de los Pueblos expresa, con sus altas y sus bajas, con su variedad ideológica, cultural, social, que algunos medios convierten en broma trillada, sobre indígenas cuyas costumbres no comprenden, religiosos comprometidos que hacen declaraciones de sus credos, radicales y moderados, que a veces coinciden y otras discrepan duramente, la opción exactamente opuesta a la de la homogeneidad de proyecto y pensamiento, a la de la economía de minorías, y a la de la democracia donde sólo algunos hablan. Tal vez no sea aún la "alternativa" que se proclama, pero por lo menos es la respuesta a los que exigen subordinación y que nadie discrepe.


Los debates de esta Cumbre fueron francos y abiertos. Y nadie llegó allí habiendo lanzado previamente una bomba a los medios como hizo Uribe con su famosa y siempre oportuna computadora decomisada a los de las FARC luego del ataque nocturno a un campamento sobre territorio ecuatoriano, o como el gobierno peruano que quiso meter su propia FARC a la agenda con el nombre de MRTA; todo en plan de provocar a Hugo Chávez y jugar el papel que Bush les ha pedido que jueguen, en clara coordinación con algunos gobernantes europeos, como la alemana Merkel.


En la Cumbre de los Pueblos la conclusión es inequívoca: lo que Europa quiere de nuestros países es lo mismo que parcialmente ha conseguido Estados Unidos a través de los TLC con algunos países (entre ellos el Perú): mercados abiertos, protección de inversiones e influencia política. No hay diferencias sustantivas, capaz algunas de forma. La UE busca ampliar la participación de sus transnacionales en el sector servicios y en recursos naturales. Y estos intereses conllevan mayor desigualdad social y pobreza para los pueblos, daños ambientales y un mundo con más agudos conflictos.


Que la Declaración de Lima diga que le preocupa la pobreza, el cambio climático y la cohesión social, es la lírica propia de estas reuniones. Y que García proponga un impuesto a los hidrocarburos a favor del ambiente es la prueba de que los anfitriones siempre deben tener alguna idea original, que todos aplauden. Y hasta ahí nomás. Las Cumbres de Javier Parado bullen en dinero y dispositivos de seguridad, pero no ofrecen ninguna idea nueva. La Cumbre de los Pueblos queda plenamente justificada en el hecho de que sirve para hacer notar que no todos somos lo mismo en este mundo globalizado.


Dato


La Cumbre de los Pueblos ha contado con la participación de unos diez mil participantes de diversos países de América Latina, el Caribe y Europa, así como observadores de otras partes del mundo. Se desarrolló a través de dos grandes plenarias, una de apertura y otra de clausura, 6 paneles temáticos, 90 actividades autogestionadas, 6 actividades de organizaciones de mujeres, una sesión de cuatro días del Tribunal Permanente de los Pueblos, numerosos actos culturales y políticos, y una gran concentración de cierre del evento con la participación del presidente Evo Morales.


Raúl Wiener


País del Primer Mundo

Me informa un amigo que siempre me cuenta cosas: ¿sabías, Raúl, que desde el viernes de la semana anterior estuvieron levando niños acróbatas, vendedores de caramelos, limpiadores de parabrisas y otros, y que el lunes ya no quedaba ni uno solo, especialmente en la calles de Miraflores, San Isidro y San Borja?, ¿has visto que el sábado ya volvieron a sus humildes trabajos? Parece que nadie se ha percatado del detalle, en medio de calles recargadas de policías, rejas y otros mecanismos de aislamiento de los visitantes, que se les dijo que era para su seguridad, pero que, en realidad, tenía la esperanza de servir para reforzar el discurso del presidente de que ya no somos el país que éramos antes.

Alan García se ha inventado su cápsula de primer mundo, que no es sólo la del lenguaje; sea ante los empresarios: no queremos que vengan a ayudarnos, sino a ganar dinero; o sea ante los gobernantes: los que no estamos afectados por la crisis alimentaria podemos contribuir elevando nuestra producción agraria en 2%; proponemos un impuesto mundial a los combustibles fósiles para el cambio climático; las economías que estamos creciendo podemos ayudar a erradicar la pobreza del mundo; etc.; sino que intenta tener evidencia física del progreso que en Lima se puede hallar en unos cuantos distritos y en rutas bien delimitadas. El resto que desaparezca, que fue el objeto de los feriados, porque no había forma de guardarnos a todos en los escasos albergues de la capital.

A decir verdad sólo Evo Morales vivió los dos mundos que coexisten en la gran ciudad. Los demás se dejaron llevar como mansitos, aunque es difícil creer que haya habido uno que haya tomado en serio el cóctel de modernidad imparable que les sirvió Alan García. El presidente echó ciertamente a perder la posibilidad de expresar la voz de América Latina frente a los países ricos de Europa que vienen a decirnos cómo debe ser la política y la economía sin lugar a discrepancias, y la de recoger las enormes necesidades insatisfechas del Perú actual. Pero eso debe importarle poco. Lo que debe estar creyendo es que españoles, alemanes, mexicanos, brasileños y otros países que importan, se han llevado la idea que aquí hay un verdadero amigo de las inversiones, "un nuevo Chile", por si no se habían enterado de la novedad, o si le quedaban dudas sobre el AGP de hace veinte años, que es su obsesión permanente.

¿Qué les pasa brasileños, les dijo ayer a los empresarios de ese país en un foro especial, que sólo están invirtiendo en pequeños proyectos de 200 ó 300 millones de dólares?, dando a entender que aquí eso es sencillo que bien pueden llevárselo de regreso. Vamos a ser el primer puerto del mundo; Talara es una refinería de juguete; mejor súbales los impuestos Lula; miren el mar, la selva; ¿qué les pasa brasileños? Más o menos como han sido sus visitas a Japón, China y algunas otras naciones, a las que ha ido a reclamarles porque no aprovechan la ganga que es el Perú. Y eso que para arengar a los cariocas se hizo el loco sobre la magnitud delirante de inversiones carreteras que están en manos de una sola empresa de ese país y el imperio que se proyecta establecer en Bayóvar con los fosfatos, uranio y otros minerales, con capitales de Brasil. Pero ahí vamos en la misma ruta.

El concepto es que de aquí a unos años se verá si fueron Chávez, Evo, Correa; o García y Uribe, quienes tuvieron la razón o, lo que es lo mismo, si ya no será necesario recoger niños pobres de noche cuando vienen extranjeros influyentes a Lima. Corren las apuestas, me dice mi amigo, que me advierte también que no use ese estilo antipático de Aldo M de inventar en su columna diálogos con sus amigos invisibles de transnacionales y bolsas de valores. Y yo le contesto: ¿acaso eres banquero?

Raúl Wiener

La respiración de Rulfo


Hace 90 años, el 16 ó 18 de mayo de 1918 nació en Jalisco, México, Juan Nepomuceno Carlos Pérez Vizcaíno, más conocido como Juan Rulfo. Aunque su obra es breve, es probable que él sea, junto con Gabriel García Márquez, el narrador latinoamericano que el mundo seguirá leyendo dentro de cien o quinientos años.

¿Cuál es el secreto de sus dos libros, Pedro Páramo y El llano en llamas? Ante todo, revelan, más que un paisaje, una aventura o una epopeya, una mirada en las profundidades de la historia y el alma del campesino pobre, heredero de una cultura y víctima de una tragedia que se prolonga más allá de la muerte.

Rulfo fue hijo de una convulsión social. Nació cuando se desplegaba la Revolución Mexicana y vivió el desengaño y la traición que ésta padeció. En el cuento "Nos han dado la tierra" se escucha la queja coral de campesinos a quienes les han dado un llano estéril.

Notable es también el cuento "¡Diles que no me maten!". Aparte de leerlo, gozando de su trama y su prosa, he escuchado más de una vez la lectura que el propio Rulfo hizo del relato: uno pareciera ver y oír al personaje, un campesino que 35 años antes había matado a un agricultor que impedía pastar a su ganado. Al pueblo donde se refugia el homicida ha llegado un coronel, hijo de la víctima. Viene, por supuesto, a matarlo.

Inaudita es la voz con que Rulfo encarna al campesino, que ruega a su hijo que vaya donde los militares a rogarles que no lo "afusilen".

En este cuento intenso se refleja el método, la poética, de Rulfo. En primer lugar, ha prestado atento oído al modo de hablar, al léxico, a las tensiones internas del personaje.

Sólo un conocimiento directo del drama social, sólo un amor intenso por los de abajo, podía dar ese resultado.

Recuerdo a este respecto una nota de carné de Ernest Jünger, el escritor alemán que murió, en plena lucidez, a los 103 años de edad. Cuenta que el aristocrático francés de Ronsard recomendaba a sus colegas poetas sintonizar el habla de los artesanos, en particular de los herreros, para enriquecer su vocabulario.

Lector de Geothe y de Tolstoi, Rulfo encontró en las voces rurales la intimidad de México, su violencia, sus injusticias. En el ritmo de las palabras de abajo nutrió su inspiración, plasmó su estilo despojado de galas, casi carente de adjetivos.

Eso explica por qué, después de su muerte, se ha podido elaborar una versión rítmica, poemática, del texto que escribió para un filme. La idea fue de Carlos Monsiváis. Allí se puede percibir el ritmo humano, la respiración, de este hombre de izquierda que habló por los campesinos:
"El mundo está inundado de gente como nosotros, / de mucha gente como nosotros. / Y alguien tiene que oírnos, / alguien y algunos más, / aunque les revienten o reboten nuestros gritos".

El estilo de Rulfo es una lección de moral.

César Lévano